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Un Núcleo de amor al cine
Entrevista a Alejandro Sammaritano, conductor del mítico Cine Club Núcleo, fundado en 1952 por su padre Salvador. 
 
Es una tarde lluviosa y el centro porteño parece una gran colmena, en la que cientos de individuos van de un lado a otro, entorpeciéndose mutuamente. El café es un punto de luz en el recorrido gris del Pasaje Discépolo. No esperaba que estuviese tan lleno. Mi entrevistado es alto, flaco, su cara afable está signada por unos generosos lentes y enmarcada por abundantes canas.Ya está sentado, tomando un expreso servido en un vaso diminuto, colocado artísticamente sobre una bandeja de madera. “Llegué temprano”, me tranquiliza. Así comenzó nuestra charla.
 
-Yo soy Alejandro Sammaritano. Dentro del cine, mi mayor virtud es ser el hijo de mi papá, Salvador, que fue el fundador del Cine Club Núcleo, crítico, funcionario del INCAA, y editor de la revista Tiempo de Cine, entre otras numerosas actividades. El me transfirió todo ese amor al cine desde muy chico. Más allá de la portación del apellido, trato de continuar su legado en el Cineclub Núcleo, sosteniendo lo que él ideó y generó, junto con otros amigos del barrio de Colegiales hace muchos años.
 
-¿Cómo surge la idea del cineclub?
-Salvador Sammaritano fundó Núcleo en el ’52, junto a Jorge Farenga, Luis Isaac Soriano y Ventura Pereyro, todos del barrio de Colegiales, donde se hicieron las primeras funciones. Mi viejo tenía en el sótano del estudio del arquitecto Birabent un proyector de 16 mm y algunas sábanas blancas y limpias, que usaban a modo de pantalla. Las películas las conseguían de embajadas, o tal vez proyectaban alguna copia itinerante en 16 mm que llegaba a sus manos.
 
-El nombre, ¿de dónde viene?
-Para difundir entre los vecinos y hacerse conocer, distribuyeron un volante que decía: “Un núcleo de gente que quiere difundir el buen cine.” De ahí queda la palabra “núcleo”, que a priori suena muy restrictiva,para pocos. Pero este es un núcleo de gente que quería difundir la película entre todos. En esa época era muy difícil acceder a películas de Europa del Este y Latinoamerica. Núcleo trataba de gestionarlas y se empezaron a hacer funciones con cierta regularidad. Hubo actividades en las plazas, en el Parque Rivadavia se hicieron algunas funciones, también en escuelas y en villas de emergencia, donde nunca habían visto cine. La gente se fue acercando.
 
-Disculpame, pero sigo sin entender cómo conseguía que le mandaran películas que, como vos decís, no llegaban al circuito de cines local.
 -Debido a la actividad paralela de mi papá, que era periodista de espectáculos de la revista Radiolandia. Todo lo opuesto a lo que uno puede imaginar como cultural. Mi viejo tenía esa virtud: era multifacético. Podía hablar con el público erudito y con la señora que leía la Radiolandia en la peluquería con la misma facilidad. Un buen día salió una nota de Carlos Saura en Radiolandia, la actriz de la película apareció en la tapa. Fueun verdadero lujo. ¡Eso lo conseguía sólo él! Tampoco podía hacerlo todos los números, porque no era el director sino el redactor. Le daban ciertas licencias, pero la revista era un negocio y había que decir: “¿Cuánto vendió Radiolandia? Uy, bajó 10 mil ejemplares. ¿Qué pasó? Y, la nota de Carlos Saura…”. El trataba de mechar sus gustos y se fue vinculando con distribuidoras de cine y productores cinematográficos. Los distribuidores, que ya tenían conocimiento de las actividades de Núcleo, le decían: “Che, escúchame, tengo una película medio rara –un Bergmann, un Saura, algo de la nouvelle vague o del neorrealismo italiano‒ ¿por qué tu gente, que ve películas raras, no la miran, y así yo me doy más o menos cuenta de cómo podemos lanzarla?”
 
 
-Era casi un focus-group.
 -Sí, así le diríamos hoy. De esa forma se institucionalizó la función de los “lunes de pre-estrenos”. Después se empezó a cambiar de sala, se pasó por el Auditorio Kraft, el Dilecto, el Instituto Superior de Cultura Religiosa, el Electric, el Premier, el Lorraine, el Alfil, el Maxi, la Sala Uno del Teatro IFT, bueno un montón de salas que no las dije por orden, eh.Alguna vez fue el miércoles, otra los martes, y ahora es los lunes en el Gaumont.
 
-Pero Núcleo ofrece mucho más que la función de los lunes…
 -Sí, también tenemos función en el Gaumont los domingos a la mañana. Pasamos documentales, películas a las que es un poco más complejo acceder. El Ciclo de Revisión Salvador Sammaritano, se ofrece en el Malbalos días jueves, con Martin Peña. Pero siguiendo con el motivo de la existencia de Núcleo, podríamos decir que al principio se quería lograr que el público accediera a películas, a las que, de otro modo, no podía llegar.
 
-Y hoy, que todos accedemos de una forma u otra a todo, ¿cuál es el propósito del cineclub?
-En la actualidad, es al revés: se busca proteger a las películas de las multipantallas y del público. Antes no existía internet, no había casi festivales ni semanas de cine. Era difícil acceder alos rollos de películas. Hoy en día uno la película, mal o bien, la ve, sea por Internet o en un festival ‒el BAFICI, el Festival de Mar del Plata, el BAZOFI, etc. Hay un montón de actividades que permiten al público poder acceder a los films. Pero, cuando se estrena una película que no es “pochoclera”, que no encaja en los estándares del cine comercial, que sólo buscarecaudar, hay que tratar de darlas a conocer antes de que entren en la pantalla, porque la pantalla te devora. Si la primera semana no metiste gente, no hay tiempo como había antespara la difusiónde boca en boca. A través de Núcleo, se genera un boca en boca previo. La gente que va a Núcleo tiene sus grupos, sus amigos, que les preguntan: “Vos que ves las películas antes del estreno, ¿qué hay bueno para ver esta semana?” Si el socio le responde: “Este jueves se estrena El repostero de Berlín. ¡Andá a verla!” Entonces ya la película entra con cierto conocimiento. Es un fino equilibrio entre la difusión previa y quitar espectadores a la función.
 
-Hay una versión que circula insistentemente y afirma que el principal objetivo de Núcleo fue escapar a la censura. ¿Qué hay de cierto en eso?
-Hubo muchas épocas en que la censura fue el más feroz enemigo de la cultura, de cualquier tipo de expresión artística y el cine no quedó afuera de eso. Mi papá tenía un conocimiento de ciertos censores por la actividad que desarrollaba. Nunca nos olvidemos de que Néstor Paulino Tato era periodista. Con su concepción elitista, Tato decía: “Bueno, la gente de Núcleo es preparada y puede entender la película.” Entonces autorizaba ciertas exhibiciones que tal vez en los cines no se podían hacer. ¡Era una lucha constante! Simultáneamente se realizaba viajes a Uruguay, donde la censura era mucho más laxa. Se alquilaban aviones que iban a Montevideo y se hacían funciones a las 8, las 10 y las 12. Se paraba para comer y luego había dos funciones más: a las 4 y a las 6 de la tarde. Se volvían a la noche. Era una especie de contrabando visual. La película no llegaba, pero venía en la cabeza de la gente.
 
-La censura, en manos de un solo hombre, era totalmente arbitraria. Siempre me pregunté qué le pasa por la cabeza a un censor.
-Un día mi viejo le dijo: “Che Tato, ¿por qué prohibís tantas películas?” Y él le contestó: “Mirá, vos si laburás, tratás de tener contento a tu jefe, ¿no? Bueno, mi jefe son los curas y los milicos, cada vez que prohíbo una película, ellos se ponen contentos. Así que yo prohíbo películas.” Ese era el argumento de este tipo, que se las tiraba de pacato y estaba casado 5 veces. Para mí está todo bien, que la gente se case todas las veces que quiera. Pero de Tato me molesta, porque él vendía otro discurso. Tal vez, era capaz de prohibir una película porque había dos divorcios.
 
-Hablando de censuras, ¿cómo se eligen las películas que se muestran en Núcleo?
-Tengo una visión de espectador de cine y no de crítico. Ese es uno de los criterios: pasar las películas que uno cree que le pueden gustar al público, que uno estima tiene un gusto parecido al de uno. Ahora es muy fácil elegir una película para programar. Vas a Internet y ves los derroteros en los festivales, los actores, los productores… Esos productores,¿qué otra actividad tuvieron? El director, ¿qué otras películas dirigió? En esa situación, es muy fácil elegir. No así antes, que uno tenía que formarse una idea de si la película era buena o era mala a partir de revistas especializadas. Las revistasvenían por correo, había que suscribirse, eran extranjeras, caras, tardaban en llegar y, a veces, se perdían en el correo. Entonces era mucho más difícil hacer una programación con altura. El que manejaba las fichas técnicas, los archivos,en la época en que no había IMDb.com, ni Rotten Tomatoes, era Héctor Tito Vena, que falleció ya hace muchos años. El archivaba las reseñas y tenía una memoria prodigiosa. Ahora resulta más fácil acceder a la información, pero más dificultoso acceder a la película en sí: por vaivenes económicos, la situación de los distribuidores, la disponibilidad de salas para el estreno…Cada tiempo con su complicación.
 
-Y ¿qué pasa cuando se equivocan? El público de Núcleo ¿es un público agradecido o exigente?
-Hay gente que es muy ecuánime. Cuando le gusta la película me viene a felicitar, como si la hubiera dirigido yo y, cuando no le gusta, se queja fuertemente. Hay personas que sólo se acercan cuando no les gusta la película y otros, que son muy buenos conmigo, y vienen a saludarme solamente cuando les gustó. Nosotros damos películas que a la gente le pueden gustar o no gustar, películas buenas y malas también. Ni en el Festival de Cannes dan todas películas buenas. La idea de si una película es buena o mala es subjetiva. Nosotros tratamos de ver las películas antes, pero no siempre se puede. A veces el tiempo entre que sale del laboratorio y la exhibición es mínimo. Entonces tengo que arriesgar. Si yo programo una película que no puedo ver antes y resulta ser mala, vaya y pase. Ahora, si esa película por el director, los actores, la temática era buena. ¡Ahí viene el reclamo! No quiero dar ejemplos, pero tendría muchos de películas con las que me arriesgué y fueron un fiasco, pero también de películas que programé con poca fe y terminan siendo buenísimas. Creo que la gente sabe, que uno trata de acercarle lo mejor. Además el espíritu de Núcleo es que si venís siguiendo un director y la película resulta fallida, también es parte de la carrera de ese director. El cineclubista tiene que saber en qué se equivocó, por qué le salió mal.
 
-¿Qué espacio tiene en la programación el cine argentino?
-Este año dimos pocas películas argentinas. El problema es que cuando uno programa una película extranjera, sólo tiene que arreglar con el distribuidor, pero cuando quiere programar una película argentina, tiene que arreglar con el distribuidor, con el productor, con el director… Los distribuidores, generalmente, saben lo que es Núcleo, pero los directores, suelen ser medio outsiders del negocio y no saben lo que es, o no lo consideran necesario. Es más difícil programar cine argentino y estamos en deuda. Todavía falta un trecho y tal vez podamosincluir algunas más, tenemos gran amistad con los directores y productores argentinos. Antes Núcleo siempre empezaba el ciclode proyecciones con una película nacional, ahora no estamos pensando en la nacionalidad de la película para programarla.
 
-¿La presión de programar un pre-estreno se impone a la intención de dar tal o cual película?
-Sí, es así. Porque conseguir un estreno todas las semanas, no es fácil. Es un poco tensionante. Se te acerca la fecha, vas tachando los días, y te das cuenta de que te faltan siete días y todavía no tenés película. Uno quiere vivir mucho, los nervios te matan. (Luego aclara: “lo digo en tono de chiste”.)
 
-Esta es la temporada 65, ¿cuál es el secreto de Núcleo para seguir prosperando a lo largo de tantos años?
-Núcleo está institucionalizado y tenemos una excelente relación con las distribuidoras y los productores. Hasta pienso que ellos ya no miden si les conviene o no. Hay una amistad y un largo camino recorrido juntos que muchos distribuidores antiguos (CBI, IFA, etc.), que estuvieron siempre, y otros que se suman, más jóvenes y que quieren o tienen la voluntad de seguir el mismo camino, aprecian. La continuidad de Núcleo obedece primero a un tema personal y familiar. Mientras exista Núcleo yo voy a mantenervivo el recuerdo y la imagen de mi viejo para la sociedad. La gente siempre tiene una palabra afectiva para conel recuerdo de mi viejo. A mí eso me encanta. Además hay un tema lírico. Hoy por hoy está avanzando por sobre la exhibición cinematográfica lo que llaman el teatrical, que son las exhibiciones en el cine, las visualizaciones en pantallas de video, en celulares. Sostener la visualización del cine en el cine, que parece poco, para mí es hoy por hoy el objetivo principal. La película está hecha para verse en el cine, el director arma una película para que sea visualizada desde una butaca y proyectada en una pantalla grande. Sólo así se aprecia la estética del director.
 
-Es muy cierto que ver la película en el cine es una experiencia totalmente distinta.
-Yo siempre pongo el caso de una película de Islandia, que se llamaba Historia de caballos y de hombres. Se dio hace 3 o 4 años. Yo la quería programar y no la había visto. La película tenía alguna escena algo cruel con un caballo, una escena muy fuerte. Me mandaron el link de la distribuidora y yo la vi en la computadora de mi casa. Nunca me gustó ponerle puntuación a las películas, pero para hacerlo fácil, digamos que la película era un 7. Cuando la pasamos la volví a ver en la pantalla grande y ya no era un 7 sino un 9. La apreciación de una película tiene que hacerse en el cine. Esa es la lucha hoy por hoy de Núcleo: tratar de continuar con el hábito.
 
 
-La edad del socio promedio ha ido en aumento, ¿verdad?
-Dicen que a Núcleo va gente grande y es cierto, pero también va llegando nueva gente. Hay como un circuito. Viene la pareja joven, que tal vez no puede tener la constancia de venir todos los lunes, porque estudian, trabajan, se cansan, tienen hijos… En algún momento se acercan y te dicen: “Mirá, no vamos a venir más porque va a nacer nuestro hijo, nuestra hija.” Y eso está bien. Cuando pasaron 15 años, los volvés a ver y te dicen: “¿Vos te acordás de mí? Que dejé de venir… Bueno, ya creció asi que queremos retomar Núcleo.” Y obviamente eso nos da una gran alegría, porque después de tantos años, tantas vivencias que ha tenido la pareja, que se acuerden de nosotros y retomen, es una satisfacción grandísima. Nosotros nos manejamos un poco con el afecto y un poco tratando de programar buenas películas.
 
-¿Qué impacto tiene la economía en el número de socios del cineclub? Porque aunque no es un hábito costoso, pertenecer a Núcleo tiene su precio.
-Núcleo tiene también una función social. Hay socios que pierden el trabajo y me vienen a decir: “Mirá, no voy a venir más porque me quedé sin laburo.” Y yo pienso, este tipo hace años que viene, debe estar deprimidísimo y preocupado porque no tiene trabajo ¡y encima yo le voy a decir: “No vengas más!” Entonces le propongo que siga viniendo y, cuando consiga empleo, avise y empiece a pagar a partir de ese momento otra vez. La gente es honesta, no abusa, y tampoco se olvida del gesto. Yo no lo puedo largar en banda cuando la cosa está mal, eso lo sostengo a rajatabla. A veces alguien me dice: “Estoy enfermo, tengo un tratamiento.”Yo les contesto: “Bueno, usá la plata para los remedios, terminás el tratamiento y vemos.”
 
-¿Cuántos socios tiene el cineclub?
-La cantidad de socios cambia mucho. A principio de año, cuando damos las del Oscar, empezamos con 800. ¡Es un número!Después baja. El mes pasado cerramos en 680. Lo que pasa es que vienen muchos invitados. A la gente de cine: productores, distribuidores, periodistas, directores, actores no se les cobra. Agustín Alezzo siempre va a todas las funciones con Edgardo Millán,que es un director que lo acompaña. Vienen distribuidores o jefas de prensa de compañías cruzadas, se hace mucha camaradería. Lerer, Porta Fouz, Brodersen, Bernades, todos los críticos vienen ahora a Núcleo y al distribuidor le rinde más, porque muchos ya no van a las privadas a la mañana. Los periodistas de los medios gráficos importantes, como Nación, Clarín y Página, ven la película solos: “Mandame el link.” Pero la película, sobre todo si es una comedia, hay que verla con gente. Me acuerdo que pre-estrenamos una película inglesa, que venía de un boca en boca previocomo“divertida”. Fue una de las películas en laque yo más me reí. Se llamaba Muerte en un funeral y no había expectativa de que fuera tan divertida, porque era casi desconocida, con actores tambiénmuy poco vistos. Al lado mío se sentó un conocido cronista, que entonces escribía para medios gráficos y yo siempre lo tuve como un tipo medio frío, superado. El tipo se descostillaba de la risa, y yo estoy seguro de que en una privada a la mañana, con 10 colegas más, no se hubiera reído así. Los distribuidores eso lo saben.
 
-El Cineclub Núcleo es un hecho singular en la cultura argentina. No hay ninguno que tenga su trayectoria, ni sus características.
-No hay una definición taxativa de lo que es un cineclub, por eso nunca se pudo hacer una ley de cineclubes. Núcleo es único en muchos sentidos. Me acuerdo del caso de la película Los coristas, u otra, irlandesa, que se llamaba Adorado John. Son películas que en Núcleo las aplaudieron de pie y en los medios salieron con regular y con mala. Si yo me tenía que guiar por el gusto de los críticos cinematográficos hubiera privado al público de ver dos películas que les encantaron. A la función siguiente la gente me reclamaba a mí, totalmente indignada con las críticas. Y yo les decía:“Bueno, por eso yo la programé”. Y exhibimos cine paraguayo que tiene muy poca llegada:7 cajas y Los buscadores. Hay como una cosa cómplice con el público, ¿no? Gauguin, viaje a Tahiti – creo que va el miércoles, porque los lunes feriado no me dan la sala, me la tienen que confirmar ahora. Espero que puedas venir. Es uno de esos casos en los que no la puedo ver antes. Pero es Gauguin, es un viaje a Tahití, es francesa, no puede ser mala. Hay que darla.
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