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El poema como lugar de transformación
Para salir de lo posmoderno, Henri Meschonnic. Cactus, 2017.
 
 
“No, las palabras no fueron hechas para designar las cosas. Están ahí para situarnos con las cosas. Si se las ve como designaciones, uno demuestra que tiene la idea más pobre del lenguaje y la más común también. Es el combate, desde siempre, del poema contra el signo. David contra Goliat. Goliat, el signo”
“Manifiesto del ritmo”. Henri Meschonnic     
 
 
 
El par modernidad-postmodernidad y la teoría de su fracaso gozan de una extensa bibliografía. Pero si bien algunos autores los conciben como momentos históricos distintos y otros ven una sucesión en cuanto a la pregunta acerca del arte, tanto unos como otros sostienen el fracaso de las vanguardias en su proyecto de unir arte y vida y producir entonces una transformación. En este sentido, Henri Meschonnic, en su libro póstumo Para salir de lo postmoderno, instaura una mirada innovadora acerca de estos conceptos, en la necesidad de reemplazar esta teoría cristalizada y comprender el presente desde otra óptica.
 
En esta dirección Meschonnic enumera planteos, ideas e interpretaciones que, según el autor, se instituyeron a lo largo del siglo XX, como formas preestablecidas de acercarse a estas categorías. Estas ideas atravesadas por lo que él mismo denomina “vulgata contemporánea” conciben la modernidad desde un sujeto cartesiano propio del siglo de las luces y son producto de una construcción filosófica que, separada de una teoría del lenguaje que observe su funcionamiento, sólo admite al signo como punto de partida.
 
A partir de su trabajo como poeta, traductor y teórico, postula una interpretación completamente diferente. Propone salir de la mirada que entiende el lenguaje desde el signo y la discontinuidad de la semiótica que descansa en las palabras, para entenderlo desde una lógica de lo continuo, como lugar de significación que da cuenta del mundo en sus juegos poéticos. Este ensayo encuentra una continuidad del lenguaje con el cuerpo, que es posible en la articulación de las distintas esferas del pensamiento, hipótesis que va en contra de la separación y profesionalización y orienta su búsqueda a pensar un sujeto que se construye desde el lenguaje y a la inversa. En su manifiesto del ritmo el autor afirma: “Yo escribo poemas y ello me hace reflexionar sobre el lenguaje. Como poeta, no como lingüista”.
 
Lo que el teórico francés plantea es pensar la modernidad desde el sujeto del poema, entendido éste último como lugar de transformación. Meschonnic cita a Baudelaire como el primero que comprendió realmente la modernidad y concebía la noción de “arte puro” como “una magia sugestiva que contenga a la vez al objeto y al sujeto”, que se traduce en una frase conocida pero que adquiere aquí toda su dimensión: “encontrar lo eterno en lo transitorio”.  La idea de “arte puro” de Baudelaire está en contraposición a la división de los saberes que origina la promovida autonomía del arte y que, como una trampa, en vez de establecer un lugar de reflexión, crea una disociación entre el sujeto y lo social, por lo cual el arte deja de tener implicancia. La modernidad que vióel fracaso, es una modernidad propia del sujeto filosófico clásico, que se erigió como proyecto y tuvo a las vanguardias por estandarte propiciando un cronologismo rígido, pero ampliamente aceptado.
 
Escrito en diecisiete capítulos, el libro dedica gran parte de su argumentación a derribar casi obsesivamente clichés culturales que formaron a lo largo del siglo XX una idea de la modernidad y del arte. Como un disección lenta y minuciosa que retarda el propio punto de vista hasta el final, en los tres últimos capítulos el autor deja en claro su tesis, con una fuerte contundencia, en la necesidad de despejar toda duda acerca de su planteo. Su postura es fundamental porque abre a una percepción completamente diferente acerca del arte del siglo XX y promueve lineamientos para comprender el estado en el que se encuentra hoy. Centrarse en el sujeto del poema, es dar lugar a ese sujeto que toma entidad a partir de su obra más allá de los movimientos y sus designaciones. En su manifiesto Meschonnic sostiene: “Hoy en día necesito, para ser un sujeto, para vivir como un sujeto, hacer un lugar para el poema. Un lugar”.
 
Su lectura es ágil pero categórica y discute con los más grandes pensadores de los últimos tiempos. Desde Heidegger hasta Habermas, a cada uno atraviesa con su pluma afilada y no titubea en acercar la lupa para mostrar “olvidos” o lugares comunes reiterados. Salir de lo posmoderno es correrse de la idea de que el arte y el autor han muerto y que las vanguardias han fracasado, para no creer que lo único que nos queda es convivir y naufragar en la vorágine que es hoy el arte contemporáneo, ese pastiche vacío posmodernista que aceleró su ritmo hasta el infinito y que hoy dificulta ver con claridad. El arte del cual habla Meschonnic está ahí y siempre estuvo ahí, en el sujeto del poema quien a través de sus obras construye la historicidad y es quien puede darnos las respuestas para ver en perspectiva tanto el arte del siglo XX como nuestra propia época.
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