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Con la potencia de un camión
¿Qué puede resultar de la unión entre un arquitecto baterista y un profesor de Lengua y Literatura que, además, toca la guitarra? Un dúo que suena con la potencia de un camión. Con una batería contundente y múltiples pedales, Joni y Yago, miembros de Camionero, reformulan géneros como el blues y el rocanrol, creando un sonido único que avanza siempre. Fuimos hasta la localidad de Beccar, a su sala de ensayo, para conocerlos y conversar un poco.
 
-¿Cómo surgió este proyecto?
 
Yago: Nos conocimos tocando, en el 2012 o 2013, cada uno tenía su banda. Joni estaba con Perro Volador y yo tenía una banda que se llamaba Jinetes. Pegamos onda y empezamos a juntarnos a tocar. Un día dijimos, “Che, ¿y si hacemos un sello y armamos una movida? Porque acá en Zona Norte se complica mucho el tema de tocar y de lograr difusión”. Así se creó Camionero. Después de un tiempo, dejamos de armar cosas, de darle atención al sello y empezamos a prestarle más atención  a la banda.
 
Joni: Mi banda se separó el año pasado. Bueno, en realidad fue una transformación. Madre, la nueva banda, es la misma formación que Perro Volador pero con otro baterista.
 
Yago:Yo toqué en varias bandas. Jinetes era un trío sin bajista. Algo en lo que ya vengo laburado hace rato. Después se disolvió y empecé con otro trío que se llamaba Las Novias del Universo y cuando tuve familia, hace un poco más de un año, decidí bajar los decibeles. Estaba en dos bandas, más el laburo, el sello Cordillera Discos, la bebé. Era mucho. Así que  decidí abocarme a hacer una sola cosa con todo. Decidí cambiar un poco la brújula porque el género que estaba haciendo con Las Novias era más grunge y la verdad es que siempre me gustó más el rocanrol y el blues. Así que decidí volver a eso.
 
-¿Esa es la influencia fundamental de la banda, no? ¿O tienen otras influencias?
 
J: Todo nos influencia, pero creo que donde más conectamos es ahí. Es lo que más nos gusta a los dos y es también lo que mejor nos sale. Blues y rocanrol.
 
Y: Nuestra idea es laburar con el género, reformularlo, no hacer específicamente blues. Lo llamamos así por ponerle un nombre y porque es nuestra influencia más grande, pero nos gusta ir reformulándolo a manera de pastiche.
 
J: Y que suene moderno también, que se pueda encajar dentro de la música moderna. Laburarlo desde nuestra óptica.
 
-¿Por qué Camionero? ¿Es por lo de tu papá?
 
Y: Lo de mi papa está ahí en el aire, pero en realidad el concepto viene por lo de grande, poderoso, pesado. Refleja el sonido de la banda. Mi padre manejaba un colectivo. Así conoció a mi vieja. Siempre pasaba por la misma parada y mi vieja subía. La laburó de a poquito (risas). Como mi abuelo, el papá de mi vieja, también tenía una línea de colectivo, pegaron onda, empezaron a hablar y al tiempo lo llamaron para laburar en la empresa de mi abuelo. Así fue, toda la vida tuvieron línea, la línea 13 de Comodoro. Manejó camiones también, laburaba en Trelew y Rawson. Hacía viajes de larga distancia. El primer bondi de larga distancia de ahí lo manejó él. Lo llevó desde Buenos Aires. Después, cuando nosotros nacimos, cambió de rubro. Se dedicó a otra cosa.
 
-¿Cuál es el método que usan para componer o para encontrar su sonido?
 
J: Estuvimos un año trabajando para encontrar el sonido, para que sonara como queríamos.
 
Y: Para que no se sintiera como que falta algo o que son solo dos chabones improvisando. Yo creo que un poco de eso lo ganamos también porque estuvimos durante este tiempo laburando mucho con otras bandas y con el proyecto del sello. Estuvimos produciendo y eso nos enseñó mucho. Las composiciones parten de la improvisación.
 
J: Por lo general yo toco un riff y él, automáticamente, encuentra el ritmo, la base. Ahí se conectan las dos cosas. Al otro día seguimos laburando con eso, sumamos cosas sobre esa base, la trabajamos hasta que queda.
 
-Tengo entendido que trabajaron con alguien en California para la realización de los EP. ¿Cómo se dio ese proceso?
 
J: Grabamos en el sótano de Cordillera, el que era nuestro sello. Éramos solo nosotros dos, ahí se dio todo. Después, Dylan Lerner, quien hizo la mezcla en Velozet Estudio, nos recomendó trabajar con Justin Weis, el mismo que masterizó a Los Natas. La compañía es Trakworx y queda en San Francisco. Él trabaja con muchas bandas argentinas, en ese momento  nos salía más barato trabajar con él allá, que acá con alguien de su mismo calibre.
 
-El hecho de haber grabado con muchos elementos, efectos, sonidos y después tocar todo eso en vivo, siendo un dúo, ¿sienten que en el escenario se pierde algo de ese sonido que se escucha en las grabaciones?
 
J:Se pierde algo, pero por otra parte se gana. Se gana con la adrenalina del vivo y con la fuerza del momento. 
 
Y:Tratamos de trabajar para que el vivo no se pinche. Ahora yo, por ejemplo, estoy tratando de conseguir un pedal para la voz, para lograr esos efectos que tiene la voz en el disco y no sumarle más pedales a Joni. Quiero poder manejarlo desde la batería, así las partes que están mezcladas con algún efecto se pueden estirar, porque son cosas que siempre suman. Es una búsqueda constante, una apuesta. Es como un laboratorio de sonidos.
 
-Y respecto a eso, ¿en algún momento pensaron incorporar a alguien más?
 
Y: Eso fue una disyuntiva entre nosotros. En algún momento, él (Joni) quería poner un bajo, y yo también, pero luego nos dimos cuenta que este producto era más atractivo así como está y decidimos bancarla de a dos, porque el ambiente está lleno de tríos que logran esto enseguida y si nos presentamos como un trío, pasamos de largo, somos solo un trío más.
 
-Cuando salen al escenario, la energía de la banda es más de contundencia que de improvisación, ¿hay improvisación en sus presentaciones?
 
Y: Ahora sale así porque decidimos promocionar los dos EPs, pero nosotros somos de improvisar un montón.
 
J: Lo que pasa en vivo es que hay un límite físico. Yo tengo que hacer el bajo, la guitarra y cantar, entonces no hay mucho margen para improvisar porque al ser solo dos, si alguno se corre un poco, deja al otro en evidencia.
 
Y: Zapar en este formato es complicado. Entonces, en el vivo mostramos lo que ya está estudiado, hecho y re hecho. En vivo tenés que tocar los temas tal cual como los estudiaste y que sabés que funcionan porque se puede pinchar el show. Nuestro show es de cuarenta minutos que, por lo general, es el tiempo que se toca en lugares chicos con otras bandas. No tocamos solos en una noche.
 
-Imagino que eso es por un tema de costos.
 
Y: Sí, estamos hablando todo desde una mirada autogestiva. Somos dos y hacemos todo nosotros. Ojalá más adelante nos vaya mejor y podamos pagarle a un sonidista para que la producción sea de otra manera.
 
J: Sí, el tema de grabar también es cuestión de dinero, y a nosotros nos sale menos que a otros porque lo hacemos acá en el sótano. Nos toca pagar solo la mezcla y el máster. La idea es seguir mejorando la calidad en cada disco y eso cuesta. Quizás si la banda funciona ahora y se vuelve sustentable, más adelante, podés amortizar otra etapa de la banda. Por ahora podemos cubrir viáticos, pagar el fotógrafo y al de las proyecciones. Recién empieza a tornarse medianamente sustentable cuando tocás una vez por mes y llevás cien o ciento cincuenta  personas.
 
Y: Lo que más funciona es que la gente vaya al show, conozca y después comente o publique por redes sociales, más por Instagram que por Facebook.
 
-¿Ahora están en etapa de creación o están más dedicados a la  promoción?
 
J: Mitad y mitad. Seguimos en etapa de difusión de lo que ya tenemos porque hay gente que no nos conoce todavía y vemos que de a poco se están acercando a los recitales. Pero también estamos laburando canciones nuevas, algunas están bastante avanzadas, ya tienen forma. Tienen una estética parecida pero también decidimos no repetirnos, por eso ahora estoy con otra guitarra y no con la Stratocaster. La idea es el año que viene, a principio de año, sacar otro EP. Ya tenemos cinco temas.
 
-¿Y un CD?
 
Y: Eso lo tenemos pensado para después, por ahora nos ha ido bien con los EP, nos gusta ese formato. Pensamos que estaría bueno sacar un single cada tanto,  porque el tema de sacar discos hoy es complejo. Si sacás un disco de diez canciones, la escucha tiene un pico inicial y después decae con el tiempo. Si sacás un EP sucede algo parecido. En cambio, si sacás cada tanto un single, la escucha se mantiene un poco más.
 
J: La realidad es que el mercado te va corriendo, te va sacando si no manejás sus reglas.
 
-Hace un rato comentaron que acá, en zona norte, se complica más que en otros lugares. Supongo que es con relación a Capital Federal. ¿Por qué piensan que sucede esto?
 
Y: En general, en el Gran Buenos Aires se complica más que en Capital. Allá se concentra todo. Hay un montón de lugares, el rango es más amplio. Tenés desde el lugar más under hasta el más cheto. Acá no hay lugares, directamente. Acá el problema, también, es la gente. La municipalidad no quiere ningún tipo de quilombo con el vecino, entonces no habilitan lugares. El problema es cultural y municipal, porque hay bandas, pero no hay dónde tocar.
 
J: En un tiempo, en Olivos, donde hacíamos base, habían levantado bastante la avenida. Las bandas estaban tocando en tres lugares, había mucha juventud. De repente, de un día para el otro, prohibieron poner mesitas afuera después de las diez de la noche. Así que la gente empezó a abandonar. También empezaron a perseguir a los lugares para que no toquen bandas y toda la pendejada se fue. Éramos todos de 20 a 25 años, más o menos. Es falta de apoyo a la cultura.
 
-¿Cómo ven esta movida en otros lugares de Gran Buenos Aires?
 
Y:Yo he tocado con otras bandas y es muy distinto: vas a Hurlingham y es otra cosa, hay un lugar detrás de otro y está todo bien. Vas a José C. Paz y también. En Tortuguitas, hay un par de lugares que están buenos.  De todo lo que conocí de Gran Buenos Aires, esta es la peor zona, pero es por eso, por la presión de la gente a la policía y a la municipalidad. También creo que no hay nadie serio, en un punto, que se haga cargo, que haga lo que sea necesario como para poner un lugar bien puesto con todas las certificaciones que hay que tener. Ahora se está generando algo bueno para el lado de San Fernando y Tigre; están abriendo un par de cervecerías y bares; es una zona un poco más blanda que Vicente López.
 
J: Sí, en zona norte hay un par de lugares oficiales, como el Centro Cultural de San Isidro, pero la selección de las bandas que se presentan es un poco a dedo. También hay otro lugar, muy conocido,  que se llena de guita, pero hacen la típica de pedirte cincuenta entradas por banda a cien mangos cada una y es una locura. ¿Pagar para tocar?
 
-¿Y cuando se complica…?
 
Y: Los dos siempre tenemos la actitud de poner la música en primer lugar, aunque cada uno tiene sus cuestiones, sus obligaciones. Vamos para adelante que después lo otro siempre se resuelve. En algún momento, cuando tuve que tomar la decisión de dejar Las Novias, le pregunté a Joni: “Che, estoy pensando en dejar la banda. ¿Qué onda con Camionero?” Su respuesta fue: “El camión siempre va para adelante”. Ahí bajé la persiana. En ese momento solo llevábamos cinco meses.
 
-¿Qué sigue para la banda? ¿Qué fechas vienen?
 
Y: Ahora tenemos una fecha en La Plata. El 11 de noviembre tocamos en Yuppies, en Quilmes, y el 17 de noviembre en Pomo, en Palermo, en el pasaje Santa Rosa. El 8 de diciembre nos invitaron los chicos de Macondo Children, un dúo venezolano que viven acá y que hacen rock un poco más pesado, y después vamos a Córdoba, a Río Cuarto, a fines de diciembre.
 
J: Eso salió porque yo fui con Madre, a fines de mayo y pegó onda. Entonces, nos invitaron para el 22 de diciembre, ahora estamos hablando con gente de Córdoba Capital para ver si sale algo el 21.
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