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Donde la magia se encuentra
Animación. Encuentros de lenguajes, géneros y figuras. Mabel Tassara y Mónica Kirchheimer (comps.) Editorial Imago Mundi, 2016.
 
En los mundos mágicos, los seres y criaturas sobrenaturales se reúnen con transformaciones extraordinarias, cuyos únicos límites son los de la imaginación. Pero estas uniones mágicas trascienden el plano de lo imaginado, crean nuevos vínculos y toman formas que mutan y se distorsionan dentro de las producciones animadas. Animación. Encuentros de lenguajes, géneros, figuras aborda fenómenos, como afirman las compiladoras, de circunscripción compleja, como la transposición de las series de animación y los videojuegos, los documentales animados, y los vínculos entre la animación y su público. Los doce trabajos reunidos por Mabel Tassara y Mónica Kirchheimer son parte de investigaciones desarrolladas en proyectos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
La perspectiva semiótica es notoria a lo largo de los capítulos que recorren el libro y, en algunos casos, el uso de algunos conceptos podría no ser accesible a un lector no especializado. Sin embargo, los autores explicitan los conceptos utilizados, seleccionan obras reconocidas para sus corpus y realizan operaciones que hacen que su lenguaje que no resulte tan lejano a quién lee, sea conocedor o no.
Desde el primer capítulo, titulado “Los efectos metaplasmáticos de la animación”, autora Mabel Tassara plantea uno de los conceptos claves que reapareceran a lo largo del libro y es el de los metaplasmos, explicado como transformaciones de estructuras, rasgos característicos de la animación. Desde este comienzo, sigue una serie de trabajos que desarrolla parte de la historia de la animación (“Temporalidades del dibujo animado”, de Mónica Kirchheimer) hasta las conexiones con los videojuegos (“Cineanimación, videojuegos y digitalización”, de Lelia Fabiana Pérez y “Animación y videojuegos: tres casos de transposición”, de Diego Maté).
Un gran bloque del libro es dedicado al documental, y empieza con el trabajo de Claudia López Barros que, mientras presenta las características de las producciones documentales, interpela con la pregunta implícita: ¿por qué es menos válida una elaboración animada? A partir de ese cuestionamiento, la autora desarrolla dos casos de obras y la implicancia de esta “nueva” manera de hacer documental.
A este trabajo le continúan los de Gustavo Aprea, Pablo Francisco Gullino y Juan Pablo Cremonte. En estos últimos tres capítulos no se exploran los documentales totalmente animados, sino el papel que tiene la digitalización o fragmentos de animación dentro de documentales audiovisuales. ¿Cómo las imágenes digitales pueden suplir ausencias de registros y recrear acontecimientos? ¿Se puede tomar esa recreación como un documento legítimo? Todos estos problemas se exponen y desarrollan en este bloque con el análisis de producciones argentinas.
Probablemente, unos de los puntos más fuertes e interesantes del libro son sus variados enfoques, que demuestran las mutaciones y la permeabilidad características de la animación. Cuando se creía que los dibujos tenían solamente un carácter infantil, apareció la animación para adultos, y también surgieron ejemplos de que no todo es humor en las series animadas. Pero dentro de lo cómico y lo fantástico, los personajes pueden saltar de una serie a otra, explotar y volverse a armar, crear nuevos universos y llevarnos a encontrar la magia. 
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