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Como los unicornios…
Amores como el Nuestro. Charo Márquez. Editorial Brandon, 2018.
 
Veloz e intensa en partes iguales, esta historia se lee de manera voraz, impaciente. Amores como el nuestro es la primera novela de Charo Márquez, un relato contemporáneo que apuesta a contar la diversidad lejos de los tecnicismos y las lecciones teóricas.
 
Narrar una historia que involucre sexualidades y cuerpos no hegemónicos se ha vuelto un desafío en la literatura del presente. Sin embargo, la singularidad de este texto no está ligada sólo a la inclusión de identidades disidentes como propuesta alternativa, sino también, y principalmente, a un estilo narrativo peculiar, a su capacidad incisiva y perspicacia.
 
Construida a través de la voz de distintos personajes, la novela es un gran insight a la vida de cada uno de ellos que alternan capítulo a capítulo. Valentina, una mujer cisgénero, independiente, un tanto elitista y acomplejada, es el reflejo de una sociedad en la que la opresión atraviesa todas las clases sociales. Emanuel es un varón trans, heterosexual, desenvuelto, un poco superficial, que esconde en su profesión las inseguridades corporales relacionadas con su identidad: es instructor en una cadena de gimnasios. Ambos se conocen en clase y, en sintonía con la velocidad que demanda esta lectura, su siguiente encuentro es la cita que dispara el nudo de la historia.
 
Sin enredarse con palabras difíciles ni reflexiones filosóficas complejas, los superyós de Emanuel y Valentina cobran protagonismo y, un par de párrafos más tarde, son interrumpidos por llamadas telefónicas o diálogos en bares, cafeterías, boliches y lugares de trabajo con amigos y colegas. Cualquier oportunidad es buena para cuestionarlo todo y aquí radica una de las mayores virtudes de esta novela: su capacidad analítica. Como si lo narrado hubiera sido filtrado muchas veces, tantas como fue posible, quedan en la superficie del relato frases tan simples como profundas.
 
Sobre la base de una historia de amor que desnuda los clichés de la vida real, desfilan escenas variopintas de otras historias que se entrecruzan en lugares comunes fácilmente reconocibles porque forman (o formaron) parte de la cotidianidad del habitante citadino promedio. Almuerzos de trabajo, bares porteños que sólo aceptan efectivo, clases en el gimnasio y caminatas matutinas en playas sudamericanas. En 132 páginas la autora condensa lo que podría adivinarse como un año intenso en la vida de los personajes. Experiencias mundanas, erotismo, viajes y sexo, se alternan con recuerdos de la niñez y la adolescencia que ayudan a construir el perfil actual de ambos protagonistas.
 
Amores como el nuestro no es una novela autorreferencial, pero basta leer a su autora en las redes sociales para vislumbrar cómo construyó esta ópera prima. La sociología, la universidad pública, la militancia lésbica, el feminismo y los talleres de escritura son la base teórica de la receta. Pero la cereza del postre, sin duda, es la multiplicidad de frases que sus amigos y amigas periodistas y escritores le cedieron y que decoran, a modo de remate, muchas de las reflexiones que Valentina y Emanuel plantean en el libro.
 
Esos comentarios en off austeros y extra ácidos que entrarían en un tweet, saben hacer reír incluso en medio de un mar de oraciones que navegan entre los trastornos alimenticios, la gordofobia, las cicatrices de la mastectomía y la industria de la moda y la medicina en torno a la hegemonía de las sexualidades y los cuerpos. La complicidad, sin embargo, no está en el militar estas causas cuya presencia está implícita, sino en la honestidad que evidencia el proceso de mutación de paradigma en el que conviven los personajes; es la capacidad reflexiva la que los vuelve valiosos y también verosímiles.

Con el respaldo de Casa Brandon, Charo Márquez escribió una historia para todas, todos y todes. Es un libro de “amores como el nuestro”, de vidas “como la nuestra”. Ligera pero incisiva, sin victimizar ni condescender, es una historia que se parece a las demás, pero de cerca se distingue por su cuerno tornasol y su pelaje perlado. Es un unicornio no binarie que se niega a desaparecer; una novela que no sólo no debe morir jamás, sino que debe engendrar otras de su especie y que, como dice en la contratapa Gabriela Cabezón Cámara, “apuesta con mucha potencia por construir una literatura queer que rompa las etiquetas”.
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