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La otra danza
“Yo tengo una vocación que viene de los cumpleaños de la familia. En vez de comer torta de chocolate pedían que por favor sacaran la mesa para que yo bailara. Mi vocación comenzó desde muy chica. Yo sabía que quería danzar. Si no lo sabía yo, lo sabía mi piel y lo que yo no conocía de mí. Así fue creciendo y creciendo, sabiendo que lo que yo quería era la danza.”
María Fux 



María Fux es bailarina. En el año 1942 realizó su primera función como solista bailando en el Teatro Colón la poesía de Lorca. Se dedicó un tiempo a la danza clásica y al baile libre, creando y bailando variadas coreografías, pero su gran aporte fue la creación de la danza-terapia. Este método está destinado a integrar al movimiento a personas que regularmente suelen quedar fuera de las instituciones dedicadas a la enseñanza de la hoy llamada “danza contemporánea”. Trabajó con la danza-terapia por todo el mundo (hay escuelas en España e Italia que llevan su nombre) en cárceles de mujeres, asilos de ancianos, institutos de sordos y en neuropsiquiáticos. Sus clases integran gente down, gente sorda y gente mayor.

María tiene 86 años, sigue dando clases y preparando espectáculos.

Sus primeros pasos por la danza fueron difíciles: “Decirle a mi padre que yo quería bailar era decirle una palabra que no se podía decir: prostituta. La danza estaba involucrada en esa idea, hablamos del siglo pasado.”

De familia de clase media, María no podía pagar sus clases de danza. Cuenta que entonces iba a lugares donde se realizaban conferencias porque allí había siempre un pequeño escenario, donde ella bailaba en el silencio. “En esa época, yo tenía 13 años y lo único que hacía era leer libros prestados. En aquél momento me interesaba la teosofía. Un día me vio una mujer joven que me dijo: “María, vos sos la encarnación de Isadora Duncan.” Yo no sabía quién era Isadora Duncan, ella me dio un libro, lo leí ¡y claro! Me lo creí."

María Fux estudió danza clásica con Ekaterina Galantha durante diez años, con la ayuda de su mamá y a escondidas de su papá. Pero con el tiempo fue dándose cuenta que lo suyo era otra cosa: “Ya de adolescente, permanentemente improvisaba, aunque no supiera lo que era realmente la improvisación.” Sus primeras danzas fueron ya totalmente libres y contemporáneas. Para diferenciarse de la técnica clásica, María bailaba descalza y con el pelo suelto, con ropas que no eran de ballet y sin zapatillas. Las coreografías que surgían en sus improvisaciones las utilizaba en las clases, durante las cuales fue creando, lentamente, un método en la danza totalmente diferente a lo que se hacía hasta ese momento. La danza-terapia surgió, para ella "a través de siglos de trabajo. La vida me fue enseñando que no me podía apurar.”

La danza-terapia intenta liberar al cuerpo, intenta descubrir esta parte nuestra que muchas veces parece ser extraña a nosotros, integrarla. El cuerpo y la fisicalidad están ligados a nosotros de manera imperativa. Hay que aprender a lidiar, a veces, con ellos, pero mejor es si aprendemos a disfrutarlos íntegramente. “Cuando uno se da cuenta que acá no hay competencia que no esta ni bien hecho ni mal hecho, la gente lo hace sintiendo seguridad en sí mismo. Dentro de los grupos no hay competición. Esto no ocurre con la danza académica, siempre fue competitiva: el tamaño de la cintura, las piernas largas, si las tenés cortas no podés bailar. Entonces sos una desgraciada para toda tu vida. Y no es así.”

La danza no es sólo técnica, esto es lo que a María Fux le interesa trasmitir en cada una de sus clases. Utilizo transmitir, ya que María nos corrigió: “Yo no enseño, yo entrego lo que soy. No se puede enseñar el arte. Mi trabajo esta vinculado al arte, a los “no sé” y a los “sí, puedo”. Es intentar lograr ese “si, puedo”… a través del movimiento."

María desarrolla un solo tema por clase. Se le ocurre una idea y busca la música que pueda convenirle para desarrollarla. ¿Inspiración?: “Tenés una imagen cualquiera y la utilizás como material para el trabajo. Vos tenés nudos en el cuerpo... ¿te imaginas la inspiración que tenés? Esto puede ser un tema: desatar esos nudos. Otro día son las cuerdas, otro día el silencio, otro día es el color, la línea, la forma. Utilizo todo. Por ejemplo (señalando unas plantas en el living de su casa) en vez de ver plantas yo veo ritmos que las plantas me dan. Lo que pasa es que uno no ve. ¿Qué es la mirada? ¿Por qué no nos miramos? Terror es lo que tenemos. Entonces trabajo sobre la mirada, qué es el espacio... en fin: creo, ¿sabés lo que es crear? (pregunta y se contesta a sí misma) Un misterio, si yo lo supiera…”

¿Que pasa con los hombres y la danza? “Todas las mujeres tenemos una parte masculina, sin tener bigotes ni barba. Y los hombres también tienen su parte femenina, son muy sensibles, cuando pueden salirse de su coraza de hombres fuertes o de machos. Los hombres y las mujeres nos parecemos mucho más de lo que uno cree. El hombre es muy sensible, a veces tiene terror de demostrarlo. Pero como en el trabajo con la danza en que creo yo, la hago y la doy yo no hay interpretación psicoanalítica de nada, no hay "esto está bien o mal hecho". Yo tengo hombres y mujeres de diferentes edades que vienen a vislumbrar el otro mundo que tienen guardado. Y lo pueden hacer muy bien. No para ser profesionales de la danza. En el Amazonas o acá en el norte de la Argentina nadie les enseñó a danzar. Preguntá si van a escuela de danza contemporánea. La gente danza porque siente. Y nosotros danzamos porque si no aprendemos de a un pasito no podemos. Esas cosas no se enseñan, y no hay que averiguar porqué lo hacen."

Sentada en el living de su casa la cual es, a su vez, su estudio, vestida con una túnica azul suelta y con una pequeña sonrisa concluye: “No soy diferente de lo que hablo y no danzo de manera diferente. Está unido todo. La danza es la búsqueda de uno mismo por la vida. También los muertos me duelen, me duele todo. Uno tiene que buscar la unidad, lo que es uno, uno puede mentir, engañar, hacer lo que quiera con su vida. Mejor es comprenderla, y tener caídas y te levantás y volvés a seguir, averiguando qué querés hacer, nada más. Nunca quejarte si te duele o no te duele.”

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